Qué es la capilaridad en construcción

Qué es la capilaridad en construcción

Hay un detalle que casi ningún artículo explica bien: cuando un muro «chupa» agua del terreno, no lo hace por magia ni por un defecto místico del edificio. Lo hace por una ley física concreta, descrita hace más de tres siglos, que sigue operando en cada cimiento mal protegido de este país. Y entender esa ley cambia por completo la forma de leer una mancha en la pared.

En mis siete años analizando patologías de edificios antiguos y obra reciente, he visto cómo la mayoría de diagnósticos empiezan al revés: se busca el tratamiento antes de comprender el mecanismo. El resultado es previsible. Se inyecta, se enfosca, se pinta, y dos inviernos después la mancha reaparece un palmo más arriba. El problema no estaba en el producto aplicado, sino en que nadie entendió realmente qué es la capilaridad en construcción y qué hacía subir esa agua.

El fenómeno físico detrás

La capilaridad en construcción es el ascenso espontáneo del agua a través de los poros y microconductos de un material, sin intervención de presión externa ni bombeo alguno. Ocurre por la interacción entre dos fuerzas moleculares (adhesión y cohesión) que, en materiales porosos como el ladrillo o el mortero, vencen a la gravedad hasta cierta altura.

Hasta aquí la definición operativa. Pero conviene desmontar la idea un poco más, porque ese «vencer a la gravedad» es el detalle que lo explica todo. El agua no sube porque quiera. Sube porque las moléculas de H₂O se sienten más atraídas por las paredes internas de un poro muy fino que por ellas mismas. A eso lo llamamos adhesión: la afinidad del agua con una superficie sólida determinada, en este caso silicatos, arcillas cocidas o granos de cemento hidratado.

La otra fuerza, la cohesión, es la que mantiene unidas las moléculas de agua entre sí. Cuando metes el dedo en un vaso y sale mojado, estás viendo cohesión. Es también lo que permite que una gota se mantenga esférica en lugar de desparramarse.

La tensión superficial como motor

De la cohesión nace la tensión superficial, esa especie de piel invisible que tiene la superficie del agua. En un poro muy pequeño, esa piel se curva hacia dentro formando lo que se llama menisco cóncavo. Y aquí está el punto crítico: un menisco curvado genera una presión negativa que, literalmente, tira del agua hacia arriba.

Cuanto más estrecho es el poro, más pronunciada es esa curvatura, y más fuerte es el tirón. De ahí la primera paradoja contraintuitiva del fenómeno: un material con poros gruesos absorbe menos agua en altura que uno con poros muy finos. Parece al revés, pero no lo es. Un mortero de cal con microporosidad fina puede ascender más que un hormigón de árido grueso con macroporos.

Por qué importa entenderlo así

Cuando tratas el fenómeno como un problema de «tapar poros», estás pensando en la dirección equivocada. El ataque eficaz pasa por romper la continuidad capilar, no por bloquear superficies. Si no comprendes que el motor es una presión física medible, difícilmente elegirás la solución correcta en cada caso.

Por qué sube el agua

El ascenso ocurre en los muros porque los materiales de construcción tradicionales (ladrillo cerámico, mortero, piedra natural, hormigón poroso) funcionan como una red tridimensional de conductos microscópicos conectados. Cuando la base del muro está en contacto con un terreno húmedo, esos conductos se comportan como pajitas: absorben agua hasta equilibrar las fuerzas internas con el peso del líquido elevado.

El responsable matemático de este equilibrio tiene nombre y apellidos: James Jurin, médico y científico inglés que en 1718 formuló la ley que lleva su nombre. La Ley de Jurin establece que la altura de ascenso es inversamente proporcional al radio del poro. Dicho sin fórmulas: a poro más estrecho, mayor altura alcanzada.

La Ley de Jurin aplicada a un muro real

En un muro de ladrillo cerámico con poros de entre 1 y 10 micras, los cálculos teóricos permitirían alturas de varios metros. En la práctica no se observan esas cifras, y ahí es donde entra la segunda mitad del razonamiento: el agua que sube también se evapora lateralmente por la superficie del muro. Esa evaporación reduce el flujo efectivo.

El equilibrio real se alcanza cuando la cantidad de agua que asciende iguala a la que se pierde por evaporación a través de las caras del paramento. Por eso en muros gruesos o con revestimientos poco transpirables, el agua sube más: tiene menos vía de escape lateral y se ve obligada a seguir elevándose.

Factores que aceleran o frenan el proceso

Varias condiciones modulan la velocidad y el alcance del ascenso:

  • Contenido de sales solubles en el agua del subsuelo (a más sales, más agresivo el fenómeno y más cristalización superficial)
  • Temperatura ambiente y ventilación del paramento (la ventilación acelera la evaporación y reduce la altura alcanzada)
  • Espesor del muro (muros más gruesos, mayores alturas)
  • Presencia o ausencia de barrera antihumedad en la base
  • Permeabilidad diferencial del revestimiento interior respecto al exterior
Detalle de porosidad interna de ladrillo cerámico en corte transversal

Materiales que la favorecen

No todos los materiales de obra se comportan igual frente a este proceso físico. La diferencia está en la microestructura interna, y conocerla explica por qué un edificio de mampostería de granito rara vez presenta ascenso severo, mientras que una casa de ladrillo macizo con cimiento corrido de hormigón poroso lo desarrolla con facilidad.

El ladrillo cerámico cocido

Es el material más vulnerable del parque edificado español. Su estructura porosa, resultado del proceso de cocción, presenta una distribución de tamaños de poro especialmente favorable para el ascenso: suficientemente fino para generar tirón capilar significativo, suficientemente interconectado para mantener la continuidad del flujo. En un muro de ladrillo macizo tradicional, sin barrera antihumedad, es habitual ver alturas de hasta 1,5 metros.

El hormigón poroso y el mortero de cemento

Su comportamiento depende muchísimo de la relación agua/cemento con la que se amasaron y de si incorporan aditivos hidrofugantes. Un hormigón mal curado, con exceso de agua de amasado, desarrolla una red capilar abierta que lo convierte en excelente conductor de humedad. En obra nueva, este es uno de los fallos más frecuentes en soleras y zócalos de cimentación.

La piedra natural

Aquí la variabilidad es enorme. Una caliza blanda y porosa puede absorber tanto o más que un ladrillo. Un granito sano, en cambio, tiene una porosidad tan reducida que el fenómeno prácticamente no se manifiesta en el propio sillar (aunque sí en las juntas de mortero entre piezas, que se convierten en el verdadero camino del agua).

Morteros de cal frente a morteros de cemento

Un matiz importante para quien interviene en edificios históricos. El mortero de cal tiene mayor permeabilidad al vapor que el de cemento, lo que significa que, aunque absorbe agua con facilidad, también permite que se evapore con mayor libertad. Es un material que «respira». Sustituir un mortero de cal original por uno de cemento en una rehabilitación es una de las causas más comunes de humedad ascendente agravada en edificios antiguos.

Altura máxima de ascenso

La humedad por capilaridad suele ascender entre 1 y 1,5 metros sobre el nivel del terreno en condiciones habituales de muros de ladrillo o mampostería. Este rango es el que recoge la literatura técnica de patología de edificios y el que coincide con la casuística de campo en la mayoría de edificaciones residenciales españolas.

Ahora bien, decir «entre 1 y 1,5 metros» es una simplificación útil, no una verdad universal. He documentado casos de ascensos de 2 metros en muros muy gruesos de fábrica antigua con revestimientos impermeables que bloqueaban la evaporación. También he visto muros que apenas superan los 40 cm porque la ventilación cruzada era excelente. Al principio, cuando empezaba, creí que esas diferencias tan grandes se debían a errores de medición; luego descubrí que respondían a equilibrios muy concretos de evaporación, y cambié radicalmente la forma de hacer los diagnósticos.

Qué determina el límite real

El tope de altura no lo marca la teoría de Jurin aislada, sino el equilibrio entre tres variables simultáneas:

  1. La presión capilar disponible según el radio medio de poro del material
  2. La tasa de evaporación lateral que permite el paramento
  3. La resistencia al flujo interno del propio material (su permeabilidad)

Cuando estos tres factores se equilibran, el frente de humedad se estabiliza a una altura concreta. Es el motivo por el que, en un mismo edificio, la mancha puede subir más en la fachada norte (menos evaporación por insolación reducida) que en la sur.

Señales de que has alcanzado el tope

Observar una banda horizontal bien definida, con eflorescencias salinas en el borde superior, suele indicar que el frente se ha estabilizado. Por encima de esa línea el material seca completamente. Por debajo, la humedad es permanente. Esa franja de transición es diagnóstica: es donde el agua evapora a mayor ritmo y donde las sales arrastradas desde el subsuelo cristalizan al perder el vehículo líquido.

Cómo reconocerla realmente

¿Cómo saber si una humedad es por capilaridad? La pista más fiable es la geometría: la mancha aparece siempre en la parte baja del muro, con un borde superior más o menos horizontal y paralelo al suelo, independientemente de la orientación o la distancia a ventanas y tuberías. Este patrón no lo produce ninguna otra patología.

Sobre ese criterio principal se añaden otros que el Código Técnico de la Edificación, a través del DB-HS1 «Protección frente a la humedad», ayuda a sistematizar en el marco normativo español. Aunque el CTE DB-HS1 se centra en las medidas preventivas exigibles en obra nueva y rehabilitación, sus definiciones y criterios son útiles también para el diagnóstico.

Indicios concretos que confirman el diagnóstico

  • Eflorescencias salinas: cristales blancos o blanquecinos en el borde superior de la mancha. Son sales del subsuelo (nitratos, sulfatos, cloruros) que han viajado disueltas y cristalizan al evaporarse el agua
  • Degradación del zócalo: desprendimiento del revoco, pulverización del mortero de agarre, descamación de la pintura en la franja afectada
  • Persistencia estacional: la mancha no desaparece en verano con ventilación. Se atenúa, sube unos centímetros, baja otros, pero no se seca completamente
  • Olor característico: aroma térreo, mineral, distinto del moho típico de condensación
  • Humedad en el arranque de los paramentos tanto interiores como exteriores, no solo en uno de los dos lados

Cuándo conviene ir más allá de la inspección visual

La inspección visual, por fiable que sea, tiene sus límites. En casos dudosos o de cara a una intervención seria, las mediciones con higrómetro de contacto a distintas alturas permiten trazar un perfil de humedad del muro. Si el perfil muestra una curva descendente desde la base, con valores máximos en el arranque y decreciendo progresivamente, el diagnóstico es firme.

En el ámbito de la rehabilitación integral, siempre recomiendo combinar la inspección visual con una cata de obra en la base del muro para comprobar el estado del cimiento y la existencia o no de barrera antihumedad. Sin ese dato, cualquier propuesta de intervención va a ciegas. En proyectos donde acompañamos a una empresa de reformas integrales en el diagnóstico previo, es habitual que la cata revele que el problema no estaba donde la mancha sugería, sino en un punto lateral de infiltración combinada.

Diferencia con otras humedades

¿Qué diferencia hay entre capilaridad y filtración? El ascenso capilar procede del terreno de forma constante y genera un patrón horizontal paralelo al suelo, mientras que la filtración penetra desde el exterior (generalmente por la cubierta o paramentos expuestos) dibujando manchas irregulares que descienden o se extienden en función de la gravedad y los puntos de entrada. Son dos mecanismos físicamente opuestos.

Frente a la condensación

La condensación aparece cuando el vapor de agua presente en el aire interior se deposita sobre una superficie fría al descender la temperatura por debajo del punto de rocío. Se manifiesta en rincones, cerca de puentes térmicos, en los vértices superiores de habitaciones mal ventiladas, o detrás de muebles apoyados contra muros exteriores.

Dos señales distinguen la condensación del ascenso de humedad desde el terreno con claridad:

  • Localización: la condensación suele aparecer en la parte alta o media del muro, no en el arranque
  • Estacionalidad marcada: empeora en invierno con calefacción y falta de ventilación, mejora radicalmente en verano

Frente a la filtración lateral

La filtración lateral ocurre cuando un paramento en contacto con terreno (por ejemplo, un muro de sótano) recibe agua por presión hidrostática, no por ascenso capilar. Aquí el agua no sube por tensión superficial, sino que entra empujada por la presión del terreno saturado tras lluvias intensas o por mal drenaje perimetral. La diferencia clínica: las manchas de filtración lateral son más irregulares, pueden aparecer a cualquier altura del sótano y suelen estar ligadas a episodios pluviométricos concretos.

Cuando conviven varios fenómenos

El caso real rara vez es limpio. En edificios antiguos es habitual encontrar ascenso en la base, condensación en el techo y alguna filtración puntual en esquinas mal resueltas. Diagnosticar cada una por separado, con sus causas y sus manifestaciones independientes, es el primer paso para no tratar todo con la misma receta.

Medición con higrómetro de contacto en el arranque de un muro

Reconstruyendo el concepto

Volviendo al principio del recorrido: lo que llamamos capilaridad en un muro no es una patología misteriosa ni un problema exclusivamente comercial. Es una consecuencia física predecible de poner un material poroso en contacto con agua, sin barrera intermedia, bajo las condiciones de tensión superficial y adhesión que rigen cualquier sistema fluido-sólido en microescala.

Entendido así, el fenómeno deja de ser una amenaza difusa y se convierte en algo medible. Hay una altura previsible, unos síntomas diagnósticos, unos materiales más vulnerables que otros y un marco normativo (el CTE DB-HS1) que obliga a proteger los nuevos edificios desde proyecto. Quien parte de esta base no pregunta «¿con qué lo tapo?», sino «¿dónde se rompe la continuidad del camino del agua?».

Uno de los efectos a largo plazo que más me preocupa como arquitecta técnica, y que la mayoría de guías divulgativas ni siquiera mencionan, es la corrosión progresiva del acero de refuerzo cuando el agua freática asciende hasta alcanzar las armaduras. No es un problema estético, es un problema estructural. El acero oxidado se expande entre dos y cuatro veces su volumen original, fisura el hormigón desde dentro y compromete la capacidad portante del cimiento. En edificios construidos entre los años cincuenta y ochenta, sin protecciones adecuadas en cimentación, este proceso silencioso es una causa frecuente de patologías graves que solo se manifiestan décadas después.

Si te quedas con una sola idea del recorrido que acabamos de hacer, que sea esta: antes de elegir cómo tratar una humedad ascendente, entiende por qué sube. La física del fenómeno no cambia según el presupuesto ni el producto. Cambia según la geometría del poro, la humedad del terreno y las condiciones de evaporación del paramento. Diagnosticar eso con rigor es el verdadero trabajo técnico. Todo lo demás viene después.

Publicado por Carmen Ruiz

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